Relato Doncella que Viajo al Planeta Final Fantasy VII - Parte 2

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Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2

Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5

Capítulo 6
Capítulo final

Capítulo 3

Aeris no sabía cuánto tiempo había pasado en la superficie. Habían pasado días desde que se encontró con Jessie y los otros... ¿O había sido sólo hace unos momentos? No lo sabía con exactitud.
Se preguntó si sus penas podrían ser curadas por ellos mismos. Mientras se lo preguntaba, continuó viajando por los subterráneos del mundo. Fluía en la Corriente Vital, en el Mar de Mako del Planeta. Cuando vió al siguiente fantasma, contuvo su respiración.
Una especie de tubo alargado apareció de un remolino de tenue luz. Cuando se dio cuenta de que aquello era una mano artificial unida a un brazo, creyó que Barret había abandonado también el mundo de los seres vivos. Aeris no pudo evitar pensar en su dulce y querida Marlene cuando vió lo que parecía ser Barret; su corazón se estremeció mientras pensaba en ella. Estaba segura de que Marlene había escapado de Midgar con su madre Elmyra; pero aún así temía por su seguridad.
- ¡Marlene! – Dijo Aeris en voz alta casi sin querer.
Las olas de pensamientos de Aeris se expandieron y alcanzaron al fantasma. La figura completa de un hombre con una pistola unida a su brazo emergió de Mako. El arma emitía una fría corriente, pero aquella arma estaba en su brazo izquierdo, no en el derecho como lo tenía Barret. Aeris suspiró y medio se alegró de que no fuera Barret. La pistola era terrible, como si fuese físicamente real; y la silueta de aquel hombre estaba teñida de rojo sangre. Aeris creyó saber de quien se trataba.
- Tú eres... – Murmuró Aeris.
- Una mujer... – Dijo la sombra de Mako - ¿Dónde te he visto antes? Conoces incluso el nombre de Marlene. -
- Nosotros nos conocimos en la Prisión del Desierto; ¿No es así Dyne?
En efecto, él era Dyne; el gobernador de la Prisión de Corel. Un exiliado lleno de odio y rencor, que una vez fue el mejor amigo de Barret. Pero después de lo que Shinra hizo con su hogar, su desesperación le convirtió en un psicópata que, en un estado de locura, acabó con mucha gente inocente.
- Ah... Ya veo. Tú eres una de las chicas que estaba con Barret aquel día. Entonces eso significa que debes de estar también muerta; qué lástima. -
Sin terminar de creerse lo que estaba viendo, Dyne rió abiertamente y continuó diciendo:
- No puedo creer que tras haber matado a tanta gente, haya terminado en el mismo sitio que una chica inocente como tú. Este mundo es realmente absurdo. Qué cosa tan aburrida es el Planeta; realmente todo debería ser destruido. -
- ¿Es eso lo que aún dices? -
La figura de Aeris brillaba en comparación con la de Dyne. Ella arqueó sus escasas cejas.
- Aún crees realmente que te preocupas por Marlene... –
- Y a ti que te importa... Mujer... Tú... -
- Me llamo Aeris. -
- Je je je... Parece que eres una chica dura ¿No? Mi brazo izquierdo es todo un recuerdo de mi vida pasada; que también fue muy dura... Bien pues, te llamaré por ese nombre. Escuchaste lo que dije aquella vez ¿No es así? Las palabras que intercambié con Barret; cuando intentaba destruirlo todo. Iba a llevarme conmigo a Marlene aquí también. -
- Mentías; sólo estabas soltando un farol. -
- No puedo mentir aquí, ¿Correcto? ¡Ja ja ja! Estaba seriamente pensando en hacerlo; por lo menos en esa ocasión. Después reté a Barret a una lucha a muerte, fui iluminado... - Por un instante, Dyne rió a voz en grito por cómo tenía que pagarlo todo con su cuerpo y brazo derecho. - ... Y le di las gracias a Barret por ello. Después de todo, he sido tragado por el mismo mundo que quería destruir. No deseaba terminar con mi propia vida; así que en su lugar, arrasé con toda esa inútil gente que estaba asustada en el exilio para liberarles y hacerles felices. -
- ... - Aeris se mantenía en silencio, mientras Dyne continuaba su monólogo:
- ¿Lo ves ahora, Aeris? Ante ti está la desesperanzadora, rota aparición de un hombre que ni siquiera el Planeta aceptará. El Planeta al que mi mujer Eleanor habrá regresado ya. Y yo he confiado a Marlene a Barret; sea lo que sea lo que suceda con el Planeta, no tiene nada que ver conmigo. -
- ... -
Viendo lo silenciosa que estaba Aeris, él rió de nuevo por cómo se las arregló para hacer que la descarada y pequeña chica se abstuviera. Al rato se dió cuenta de que aquello no era divertido y notó que Aeris nunca había apartado su mirada de él. Cayó en la cuenta de que no se las había arreglado para abstenerla del todo; había un brillo en la mirada fija de sus ojos verdes como el jade que hizo que la locura en él desapareciera.
- ... No tienes huevos. – Dijo Aeris con gran firmeza.
- ¿Qué has dicho? – Exclamo un sorprendido Dyne.
- Lo diré de nuevo: no tienes huevos. No posees el coraje de volver y empezarlo todo de nuevo. Tan sólo has estado dejándote caer de aquí para allá, donde era más fácil ir para ti. Nada más. -
Mientras Aeris miraba fijamente a Dyne, dio un paso hacia adelante. Bajo la presión de sus poderosos ojos verdes, Dyne escondió la cara con su brazo/pistola e, inconscientemente, retrocedió. Aeris continuaba su “ataque”:
- Barret también cambió uno de sus brazos por una pistola. Dijo que destrozaría a Shinra con sus sentimientos de odio y furia. Eso es por qué él también tiene sus manos manchadas con la sangre de mucha gente. Pero él no se hundió; en lugar de eso, aparte de llevar esa carga, él está tratando de salvar el Planeta. Está intentando proteger el mundo en el que Marlene vivirá sin huir por ello. -
- Ser capaz de cambiar a ese modo de ser es la virtud de ese simplón. -
- ¿Acaso es Barret especial y tú no? -
Dyne se lamentó al escuchar esa pregunta; estaba despertando de su intoxicación. Se había convertido en lo que él más odiaba... Había estado intoxicado todo este tiempo y así no podía perdonarse; pero la directa y fija mirada de Aeris rompió la bruma de locura que lo rodeaba. La armadura alrededor de su corazón se agrietó.
- Apesto a la sangre de aquéllos a quiénes maté con mis sucias manos; apesto a podrido desde lo más profundo de mi ser. ¿No puedes verlo? Ellos han estado aferrados a mí todo este tiempo; si regreso al planeta y me hago uno con ella, seré expulsado por todos aquellos a los que maté. -
La bruma roja que rodeaba a la figura de Dyne cambió de pronto a una sustancia pegajosa. En los cuatros años desde que la Ciudad de Corel fue destruida, Dyne no se preocupó por cuánto odio había construido con su brazo de metal izquierdo; y por eso, el brazo/arma estaba ahora manchado con sangre. Ése era el tipo de pecado que hizo abandonar a Dyne; le hizo perder la esperanza.
- ¿Cómo se supone que voy a empezar? – Continuó Dyne. - Todo lo que podía hacer era permanecer intoxicado. ¡Todo lo que podía hacer era odiarlo todo y dejarme caer en la locura! ¿Acaso estaba equivocado? ¡No lo creo! -
- Estabas equivocado Dyne. -
Aeris no utilizó la coacción al decir esa última frase, sino que en su lugar se acercó a Dyne dulcemente. Extendiendo sus manos, tocó la barrera de sangre que lo cubría.
- La sangre unida a ti es algo que tus sentimientos de culpa están provocando. Las vidas que arrebataste regresaron a la Corriente Vital hace tiempo. No puedes olvidar lo que hiciste, pero no hay motivo por el que no puedas empezar de nuevo. Te lo garantizo. –
- ... - Dyne permanecía en completo silencio. En la zona donde Aeris puso su mano, la sangre se transformó en un papel, se separó de Dyne y se esfumó en el mar de Mako. Después, el brazo izquierdo de Dyne comenzó a desaparecer.
- ... ¿Seré capaz de unirme al Planeta algún día? -
- Estoy segura de que lo harás. -
- Cuando Marlene alcance el final de su tiempo de vida y venga aquí, ¿seré capaz de salir y recibirla como parte del Planeta...? -
Aeris miró hacia arriba y asintió sonriendo.
- Porque estás empezando de nuevo. Todo estará bien. – Dijo la florista con una dulce sonrisa.
La tenue cara de Dyne podía verse ahora claramente. Era diferente de la persona que había conocido en la Prisión de Corel. Aquél era el verdadero rostro de alguien que amaba a su familia y hogar sobre todas las cosas.
Ya no podría regresar a los tiempos pacíficos, cuando sudaba en las minas de Corel antes de que la tragedia sucediera; ambos, Dyne y Aeris, lo sabían. Aún así, los corazones de las personas nacerían de nuevo. Ellos podían permanecer y hacer frente a los dolorosos recuerdos. Si no lo hicieran entonces la estupidez realmente se extendería por el mundo.
- ¿Qué puedo hacer en este Mar de Mako? – Comentó Dyne. – No... es lo que yo debo hacer... Continuaré pensando en aquéllos quiénes maté por un rato. Hasta el día en que pueda unirme al Planeta. -
- Sí, creo que ésa es una buena idea. – Le respondió Aeris.
- Aeris, siento cómo te he tratado. Estoy encantado de haberte conocido. -
- No me trataste mal del todo. -
- Realmente eres una chica dura. -
Por primera vez, Dyne sonrió desde el fondo de su corazón y lentamente su imagen desaparecía. El final de la pistola de su brazo izquierdo desapareció.
- Tras haber muerto y experimentado todo esto, puedo finalmente parar de darles la espalda a Barret y a Marlene. Aeris, déjame darte las gracias... -
Pero, justo en ese momento, algo se entrometió entre Dyne y Aeris. Cuando Dyne estaba apunto de hundirse dentro de la Corriente Vital, Aeris vio lo que sucedía. Vió las partículas de Mako hacer su recorrido hacia Dyne y apiñarse junto a él, como si fueran una parte suya. La débil y sorprendida voz de Dyne pudo ser oída:
- ¿Eleanor? -
Y así, Aeris regresó a su recorrido.

Capítulo 4

Hasta ahora, Aeris pensaba que la Corriente Vital no tenía esencia. La manera en que su alma lo percibía era algo parecido a hacerlo con cinco sentidos espirituales... Escuchar, era como si ella sintiera ecos alrededor suyo. Ver, era como una débil o tenue energía percibida en imágenes. Era verdad que podía tocar cosas también, pero en ese mundo podía decirse que aquello eran sólo extensiones de los restos del planeta.
Ahí no había necesidad de comer, ya que claramente no había sabor. Sabía cuándo funcionaba su sentido del olfato, aún cuando no existía el olor en ese mundo. Aeris pensó brevemente lo triste que era que incluso las flores no tuviesen ninguna esencia en éste lugar.
Entonces llegó otra alma de la Corriente Vital. Al contrario que las otras almas que se cruzaron en su camino, ésta tenía el olor de algo putrefacto. Era como si no estando totalmente descompuesto aún, desprendiera un fuerte olor desagradable, como si aquello estuviera empezando a descomponerse. Aquél era el tipo de hedor que hacía que fruncieras el ceño.
Esa era la única señal de que Mako estaba débil. Aeris estaba en una zona donde la energía Mako se distorsionada mientras pasaba, incapaz de reformarse porque se atascaba. Un hombre mayor estaba allí.
- Bien, bien, ésa es una cara que recuerdo. - Dijo aquella persona.
Aeris le reconoció enseguida. Al igual que mientras estuvo vivo, aquél hombre llevaba un caro traje que estaba entallado para enmarcar su persona. De un vistazo, podía sentir que mantenía una imagen que era tan sólida como la suya propia. Pero las únicas cosas sólidas eran sus caras ropas, zapatos y ornamentos. Su rostro era muy tenue. Tenía mofletes anchos, un bigote que había sido rasurado y hablaba con una voz temblorosa típica de un hombre mayor. Cuando Aeris se acercó, el hombre le dijo:
- Tu nombre era... No importa. Eres la chica que tiene la sangre de los ancestros fluyendo en tu interior ¿Estoy en lo cierto, no? -
- ¿Acaso eso importa ahora? - Respondió Aeris, con un considerable enfado; se negaba a darle su nombre a ese ser al que tanto desprecia.
La persona frente a ella era el anterior líder de la Corporación Shinra, el Presidente Shinra, la autoridad absoluta de una empresa que explotaba y dictaba a las naciones.
- Ya veo, así que también caíste por aquí. ¿Estás muerta como yo? ¿En el mismo lugar? -
El Presidente continuaba incapaz de guardarse la burla en su tono.
- Nos hemos reunido al final como si hubiésemos sido enviados a otra vida juntos. El Planeta realmente sabe cómo hacer compromisos. Siento como si verdaderamente hubiese ganado algo de todo esto. -
- ¿Ganado algo? – Respondió consternada Aeris.
Quiso decir lo mismo que le dijo a Dyne al principio; pero en el caso de Dyne era más que nada cinismo hacia él mismo. El hombre entrado en años era completamente distinto. Aeris sintió, por los pensamientos del ex-presidente, que el Presidente Shinra estaba pensando seriamente que él era así.
- No lo entiendes ¿verdad? Los ancestros sois más estúpidos de lo que creía. Bueno, eso es por lo que os negasteis a cooperar con Shinra después de todo. Ay, ay, qué vida tan penosa y miserable. -
- ¡Qué grosero! – Refunfuñó Aeris. - No recuerdo haber sido miserable contigo después de todo. -
El Presidente Shinra dejó escapar una risita al ver lo enfadada que estaba Aeris; como si la tomara por imbécil.

- No saber lo que uno gana y pierde es la felicidad en cierto modo; pero trata de pensar en ello. Tras haber escapado fácilmente de Hojo con tu madre, tu vida se ha forjado en las basuras de los suburbios durante quince largos años. Cuando los Turcos te encontraron, podrías haber vivido una lujosa vida en lo más alto de la sociedad; si hubieses vuelto con nosotros, claro. En aquel tiempo, Hojo estaba soñando con algún otro experimento y por ello dí las instrucciones para que te mantuvieran en el punto de mira. Pero si hubieses cogido la iniciativa de colaborar con nosotros, entonces te habría dado la bienvenida y te habría dado un trato especial. ¿Qué piensas ahora? Después de vivir en los suburbios, arrastrándote como una babosa, viéndote envuelta con Avalancha y muriendo sin saber lo que es el lujo ¿Puedes aún decir que tu vida no era miserable? -
Aeris respondió a todo ello con prudencia:
- ... Ése es realmente un punto de vista concebido; dependiendo de cuán afortunados o desafortunados han sido los otros. -
- Soy una persona medianamente honrada. – Dijo el ex-Presidente Shinra. - Si lo miras equitativamente, estoy seguro que no hay persona que ganase más que yo. -
Una mueca de desprecio apareció en su rostro y el Presidente continuó su monólogo.
- Con mi ingenio, me esforcé en expandir Shinra, una compañía que empezó produciendo sólo armas, al tamaño que tiene hoy. Descubrir las posibilidades de los usos de la energía Mako, construir reactores Mako y almacenar la energía era el objetivo principal. Mako producía poder al público, acomodando sus estándares de vida y convirtiéndolos también en mis esclavos. Tras poner sus manos sobre tal vida de conveniencia, aquello comenzó a ser algo así como una droga adictiva para la gente ignorante, controlando sus mentes. Nosotros, la Shinra que controlaba la energía que extendería la escala de nuestra compañía en un instante. Con una simple llamada podíamos conseguir todos los mejores talentos que quisiéramos. Sueños de planear en construir una Metrópolis, un programa de exploración del espacio... Todos lo harían para mí. Podía usarles. Me servían como un siervo a su rey. El público no podía ver lo que estaba pasando. Incluso los medios que conducían seguirían sólo las órdenes de Shinra mientras monopolizábamos la energía Mako. Shinra había conquistado el país y yo había ascendido a un trono que incluso nadie criticaría; no importaba lo que hiciera. ¡Podía controlar a todos esos imbéciles, poseer un poder ilimitado y dictar como el gobernador del mundo! No me habría importado tener una vida más larga, pero no importa. Así que ¿Qué piensas, Anciano? ¿Entiendes que nuestras vidas han ganado más ahora? O mejor, ¿Lo miserable que es tu vida? -
- Mmm... ¿Perdón? – Dijo sarcásticamente la florista.
Lo que Aeris había comprendido era que la felicidad del hombre que se encontraba ante ella era muy diferente de lo que estaba pensando. La felicidad de la que hablaba estaba hecha de cosas relativas. Deseaba estar en una posición donde hubiese ganado más que nadie. Como resultado, los pensamientos de la Corporación Shinra de absorber la vida del Planeta persistían con él incluso ahora. Era como un alma insalvable que no podía sentir la felicidad a no ser de aquéllos que eran menos afortunados que él.
Ella no tenía intenciones de cambiarlo. Si aquél era el punto principal de su satisfacción, entonces no podía ser ayudado. Él no podía apartar sus manos del poder que había acumulado y que, como basura, estaba pudriéndose y desprendiendo hedor. Como si lo almacenara en una alcantarilla, aquel hombre tan desagradable no sabía que no estaba libre de la miseria de sus ambiciones aún después de muerto. Siempre buscando a alguien con quién compararse, el Presidente no estaba satisfecho viendo cómo Aeris no respondía.
- Ha sido estúpido por mi parte el compararme con tan imbécil humano como tú. No estoy de buen humor; me encuentro muy molesto. Así que lárgate rápido si no comprendes lo que estoy diciendo. -
- Así lo haré. -
Aquel hombre no podía ser salvado. Se había construido su propio trono, donde sus deseos se pudrían. Permanecería allí hasta que alcanzara el final de sus largos años y su ego desapareciera.
Pero justo cuando Aeris le dió la espalda al Presidente Shinra, y estaba a punto de retomar su camino, algo extraño sucedió. Una sospechosa ola separada de la Corriente Vital se adentró en el Mar de Mako, sacudiéndola violentamente. Aquélla era una siniestra ola, como un enorme latido de corazón.
- ¿Qué es eso? – Exclamó sorprendida Aeris.
Oyendo los gritos del hombre mayor, Aeris dio media vuelta. Todo lo que podía ver era la figura del Presidente siendo tragada en la distancia. De manera gradual, la velocidad aumentó rápidamente. El Presidente Shinra no estaba en una corriente normal de Mako; estaba siendo tragado como si hubiese sido atrapado por la gravedad, aumentando la velocidad a medida que se hundía. Dejando atrás un largo recorrido de gritos de terror, el Presidente Shinra desapareció.
Tras ello Aeris se sintió algo aliviada, cosa que le sorprendió, pero pronto ocurrió otro hecho que llamó su atención. El mar de Mako, en la Corriente Vital, volvió a mostrar señales de nuevo; pero ésta vez pudo leer la señal claramente. Era la misma señal de aquél que acabó con su vida en la Ciudad Olvidada. Aquél asesino estaba rondando en algún lugar de la Corriente Vital.
- Sephiroth... – Susurró Aeris.
El ángel apostólico de pelo plateado sonrió, cortando en rodajas y llevándose al infierno a todas las “almas malvadas” del planeta. Fue entonces cuando Aeris de dió cuenta, de manera irremediable, de que el peligro no había terminado.
El Sagrado que ella había invocado se estaba ocultando justo como si fuera a esconderse de él.
La cicatriz del Planeta de hace tiempo... Sephiroth se encontraba allí, en el Cráter del Norte, que era la "Tierra Prometida" de Jénova, esperando el momento en que renacería a su forma original.

La destructiva Materia Negra fue utilizada; Meteorito estaba en camino. El martillo del diablo, que descendería desde los distantes cielos para destruir el Planeta, había sido invocado.

Capítulo 5

Cloud estaba cayendo dentro de la Corriente Vital. No estaba adentrándose como un muerto o un alma; sino que estaba cayendo vivo, estando su cuerpo todavía con vida. Iba a desmayarse.
En el Cráter del Norte, encontró que sus recuerdos eran falsos. Él era sólo un muñeco al que el científico Hojo había trasplantado las células de Jénova. Fue hecho para unirse a Sephiroth en su resurrección junto con las demás copias.
Pero como fracasó, él era una copia inferior que no tenía ni tan siquiera un número. Fue a caer como basura en Midgar. Entonces se encontró con Tifa y se reunió con su amiga de la infancia "real", Tifa Lockhart. Aquella vez, con el poder de Jénova de duplicar recuerdos, los recuerdos que Tifa poseía de Cloud fueron instantáneamente transferidos a él. Las partes perdidas fueron entonces rellenas con sus propios recuerdos de él estando en SOLDADO para completarlo. Y así fue cómo la reparada personalidad de Cloud Strife, basada en el niño que existía en la conciencia de Tifa, nació. Mientras ese "Cloud" guardaba muchas contradicciones sobre él, se construyó un personaje ficticio de tal forma que así no tendría dudas sobre su persona. Ese personaje era él mismo... Sin embargo, el disfraz iba a caer pronto.
De hecho, comenzó a caer hace mucho tiempo. Tras entrar en contacto con muchas copias de Sephiroth, la resonancia dentro de la conciencia de Cloud descubrió muchas sospechas. Poco después de la muerte de Aeris, el embalse que se había construido guardando esas sospechas comenzó a desbordarse. Utilizando la furia que él tenía hacia Sephiroth y los propósitos que guardaba en mente, trató de alguna forma de eliminarlo; pero aquello sólo terminó cuando se encontró al verdadero Sephiroth.
En el Cráter del Norte, sólo ante Sephiroth, quién poseía a Jénova en su corazón, la personalidad quebradiza de Cloud cayó. Poco después, incluso su conciencia estaba bajo su control mientras el propio Cloud entregaba la llave para invocar a Meteorito, la Materia Negra. Cooperando con el enemigo que él odiaba y haciéndole ir en contra de su propio propósito de detener a Meteorito, la personalidad de Cloud se colapsó completamente. Su falso yo se rompió en pedazos y su conciencia quedó vacía, sólo la desesperación de cómo él no era otro que una copia permanentemente fallida de Sephiroth.
Y así fue...
Ya sin ser de ningún uso, Cloud cayó dentro del Planeta a través del Cráter del Norte... Abandonado en la Corriente Vital. Con su ego perdido ¿Qué iba a suceder si la altamente concentrada Mako, que contenía los recuerdos agregados por el planeta, entraba en su cuerpo?
Él era igual que una esponja mojada absorbiendo líquido. Su conciencia en blanco y sus vastos recuerdos sin sentido iban todos a ser enterrados. Aquel estado en que era previsto que alguien fuera extremadamente intoxicado era conocido como "envenenamiento de Mako".
Con su mente siendo infringida, y lejos de recuperarse, Cloud flotaba dentro de la Corriente Vital. Poco después, su cuerpo viviente, que no debería estar en la Corriente Vital, era expulsado a través de uno de los géiseres de energía natural Mako a las costas cercanas de Mideel. Con su personalidad perdida, él era ahora una persona perdida en la confusión.
Aeris conocía una de las razones por la que había un lugar en la Corriente Vital al que ella no podía llegar. Aquel lugar tenía una barrera que Sephiroth levantaba. La “calamidad de los cielos”, Jénova, trajo con ella un meteorito que creó una cicatriz enorme en el Planeta debido a ese impacto. Ahora aquel lugar, donde un montón de energía estaba almacenándose en curar la cicatriz, había empezado a ser el núcleo de la resurrección de Sephiroth. Las corrientes de vida alrededor fueron dibujadas dentro de un remolino antinatural, previniendo de que una entidad sin materia como Aeris pudiera alcanzarlo.
Aeris estaba ansiosa por hablar con Cloud mientras su cuerpo viviente fluía en el remolino. A la vez, ella había estado intentando que su cuerpo fuese dirigido hacia Mideel. Pero con su mente rota y cubierta de desesperación, Cloud no podía escuchar la voz de Aeris. No importa cuánto gritara, su voz no alcanzaría a Cloud, justo como la vez en que fueron separados en la Ciudad Olvidada. Sin poder ayudar, observando al cuerpo de Cloud regresando a la superficie, Aeris permaneció en el mar de Mako en consternación.
- ¿Cómo puedo salvar a Cloud? ¿Cómo puedo detener a Meteorito? No creí que Sagrado sería retornado. A este paso, el planeta va a terminar tal y como Sephiroth desea... ¿Qué puedo hacer? Dime, Cloud... -
Aeris lloró mientras pensaba en lo hecho pedazos que estaba Cloud, que aún ni sus plegarias le alcanzarían. Su personalidad rota ya no podría ser reparada. Si él no era en Cloud en primer lugar ¿Entonces quién era?
Conociéndole sólo como un antiguo miembro de SOLDADO, no había forma en que ella pudiera suponer qué hacer y abrazó el sentimiento de impotencia que no podía describir con palabras.
- Cloud... Te hecho de menos. Hecho de menos a tu verdadero yo... -
Sus susurros y pensamientos fueron expandidos en olas y se extendieron en el fluido Mako. Sus recuerdos junto a Cloud le vinieron a la mente de nuevo. Su impresión fue que aunque no fuera muy sociable, había algo encantador en él.
- Sentí algo extraño en él, pero ¿Estaba realmente todo hecho sólo para ser parte de su personalidad falsa? ¿Acaso Cloud no era real, después de todo?... No, no puede ser verdad. Había cosas que tan sólo Cloud podía creer. Cosas que hizo porque era Cloud. ¡Para empezar, él no fue nunca un recipiente vacío! -
Pero Aeris era incapaz de encontrar la verdad. Sus pensamientos sólo iban en círculos... iban de aquí para allá.

Aeris se perdió en sus recuerdos de nuevo. Recuerdos que demostraban la individualidad de Cloud. La manera en que caminaba. Recordó todas sus acciones una por una...
Muchos de aquellos pensamientos se unieron al Mar de Mako y despertaron a una persona. La persona reconocía la imagen que ella evocaba y "él" despertó.
- Aeris... ¿eres tú? -
Al principio, Aeris no podía recordar aquella voz porque todo sucedió demasiado rápido. Con pánico, se dió la vuelta y vio un rostro nostálgico que no había visto en cinco años. El dulce sabor del primer amor era, además, un amigo muy querido, quien no había visto desde que no tenía noticias de él. Él era la misma persona que había visto en Cloud. Zack, quién tenía los ojos azules que probaban que estuvo en SOLDADO, apareció ante ella. Tenía una imagen inferior a la sólida que tenía Aeris.
- ¡Zack! ¿Significa esto que tú también estás muerto? -
Aunque normalmente Aeris no era de la que hacía preguntas obvias, ese fue el primer pensamiento que le vino a la mente y que ella soltó como si fuera un reflejo. Además de eso, era extraño que tan veterano y altamente entrenado SOLDADO muriera. Aún a pesar de que ella no conocía sus paraderos, estaba segura de que él estaba a salvo y viviendo pacíficamente en algún lugar... Se culpó a sí misma por creer ciegamente algo así. Aquella cruel realidad era un fuerte shock para ella.
- ¿Tú también? ... ¿Quiere decir eso que tú también estás muerta, Aeris? -
- Bueno, iba a decir lo mismo de todas formas y entonces... Cómo debería decirlo... ¿Mis condolencias? -
- No has cambiado en lo más mínimo. -
No importaba lo que sucediera, Zack nunca perdía su buen humor. Como si fuera provocada por su encantadora personalidad, Aeris sonrió débilmente. Aún a pesar de que sabía que él era un miembro de los Soldados de Shinra, aquella era la parte de él que la resultaba encantadora.
- Muchas cosas sucedieron. – Aclaraba Zack -Todas terribles. Aquello comenzó cuando fui enviado a una misión en el pueblo de Nibelheim. -
- ¿Nibelheim? – Dijo Aeris.
- Sí ¿Sabes algo sobre ello? Aquella vez, estaba junto a un SOLDADO muy famoso que era conocido como un héroe. De pronto él se volvió loco... -
- Te refieres a Sephiroth ¿No? -
Aeris contuvo la respiración. Creía que había un significado a por qué Zack apareció. Tenía la sensación de que aquello estaba unido a algo.
- Ese bastardo es realmente famoso. – Continuó Zack -¿O es eso porque tú leíste la enorme catástrofe de Nibelheim en las noticias? -
- ¿Estuviste ahí aquella vez, Zack? ¿Entonces qué hay sobre Cloud...? -
- ¡Woah Woah, quieta ahí! ¿Cómo conoces también a Cloud? ¿Está a salvo? -
- Conoces también a Cloud. Entonces realmente hay un Cloud ¿No es así? -
Ambos intercambiaron rápidamente lo que sabían y entonces Aeris los supo. Sabía que Cloud no era sólo un muñeco copiado de Sephiroth. Ahora sabía, además, por qué había visto a Zack en él.
Zack también lo supo; sabía el actual estado en el que se encontraba su mejor amigo ahora. El amigo junto al que se vió envuelto en el incidente mientras eran perseguidos por Shinra. También supo que Sephiroth iba a ser resucitado y que empezaba a ser una amenaza no sólo para Nibelheim, sino para todo el planeta.
- Zack... ¿Qué debería hacer para que Cloud supiera la verdad sobre él? ¿Puedes decirle que él es real? -
- Es imposible para nosotros hacerlo. La única que puede hacerlo es esa chica que estaba con nosotros en Nibelheim, Tifa. Si los recuerdos que ella posee pudieran alcanzar a los recuerdos de Cloud, entonces quizás se podría... -
- Va a ser complicado; pero no abandonaré. Estoy segura de que hay una posibilidad. -
El rostro de Aeris se iluminó ahora que había esperanza. Cuando eso estuviera hecho, Cloud y los otros serán capaces de hacer algo contra Sephiroth. Serán capaces de abrir el obstáculo que está reteniendo a Sagrado. Poco después, la posibilidad llegó.
Bajo la presión del Meteorito, que estaba cada vez más cerca, el planeta expulsó su arma biológica masivamente destructiva, las Armas, y el flujo de la Corriente Vital estaba interrumpido por sus actos. La cantidad de energía que surgió hacia la superficie nunca había sido a antes. Emanando en Mideel, Cloud quien estaba descansando pacíficamente con Tifa cuidándolo a su lado, fueron ambos sumergidos dentro de la Corriente Vital. Ambos fueron devorados por el fluido Mako mientras se adentraban en el Planeta. Para Cloud, aquélla era la segunda vez, pero para Tifa era su primera experiencia.
Aeris arriesgó todo lo que tenía para su oportunidad de oro. Habló desesperadamente con Tifa, quién iba a ser intoxicada por la alta concentración de Mako. Guiando su conciencia, Tifa se adentró en el corazón de Cloud. En realidad, Aeris quería hacerlo por ella misma, pero no le era posible realizarlo sin ayuda de Tifa. Por eso prefirió dejárselo a ella. Dejó a Tifa con todos los sentimientos que ella tenía por Cloud en su corazón. Se los dejó a aquélla que iba a "vivir" junto a Cloud...

Y así, Tifa cumplió la misión. Mezclando sus propios recuerdos con los de Cloud, buscó las cosas que tan sólo el verdadero Cloud podía saber. Demostrándolas todas, la puerta cerrada fue abierta. Abandonar SOLDADO permitió al poder de Jénova implantar en Cloud los comportamientos de un SOLDADO que era su mejor amigo, Zack, para copiarlos. Dibujando los profundos recuerdos que estaban firmemente sellados dentro de todo ello, Tifa reconstruyó su personalidad original en lugar del carácter erróneo que él se había creado para protegerse.
- Lo hiciste, Tifa. Gracias... Estoy un poco celosa de ti, pero cuida de Cloud en el mundo superior. -
Tifa abrazó con fuerza a Cloud mientras él recuperaba el sentido. Aeris observó cómo ambos regresaban a la superficie mientras sonreía como una madre afectuosa. Hubo una deslumbrante señal de Zack.
- ¡Hey! ¿Sabes una cosa Aeris? De todas las chicas con las que me he llevado bien, realmente eres la mejor. Tras esa misión, podríamos haber estado de la manera en que estuvimos y quizás hubiese sido posible que continuáramos saliendo después de que yo hubiese vuelto a casa. Odio a Sephiroth; y odio a Shinra, que ha estado escondiendo toda la basura que han estado haciendo. -
- Alguien que se ha llevado bien con tantas chicas no puede ser nunca un buen amante. -
- ¿Qué quieres decir? Soy agradable con todo el mundo, no sólo con ellas. -
- Y ése es tu punto malo. No eres simple y desgarbado como Cloud. -
- ¿Es eso lo que te gustaba de él? -
- Quién sabe. Las cosas quizás han cambiado después de cinco años. -
- Je. -
Zack puso una cara triste como si estuviera enfurruñado pero entonces sonrió despreocupado. Aquélla era la incambiable sonrisa que Aeris conoció cuando eran jóvenes. Cuando tenía diecisiete años, era lo que le atrajo de él.
- Esto no ha terminado aún, pero voy a dormir por un rato. Parece que no hay nada que pueda hacer por ahora; pero si alguna vez te sientes sola, llámame, Aeris. -
- Sólo si me siento realmente sola. Buenas noches, Zack. -
Haciendo un gesto de despedida, el SOLDADO de Primera Clase se sumergió en Mako. Creyendo que su papel aún no estaba terminado, Zack se puso a dormir para salvar su energía. Aeris, sin embargo, no iba a dormir; ella era una Cetra, no se sentía cansada en todo. Ella estaba feliz. Estaba feliz de haber conocido al verdadero Cloud y ser capaz de velar por él; a pesar de que eso fuera sólo por un corto plazo.