La 1ª parte de un nuevo relato de WH40K, en el que se enfrentan los tiranaidos y la Guardia Imperial.
Para que os hagais una idea de los personajes...
Guardias Imperiales

Comisario

Tiranidos

Aqui esta...
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El cielo era de un amarillo verdoso, las nubes eran de un color asqueroso, semejantes a pilmones enfermos, un cielo contaminado por miles de millones de esporas venenosas.
El comisario Cornnibus lo observo con ojos rojos y llorosos. Saco un pañuelo bordado a mano, extrañamente inmaculado, de una de sus mangas y se froto los ojos y su mugriento rostro. Su cara y su estado actuales eran un fantasma de lo que en un pasado fue, un orgulloso y fuerte comisario de la Guardia Imperial que no tenia rival.
¿Como es que ahora no podia ni mantenerse de pie?
Su rostro estaba blanco y lleno de ronchas que además surcaban todo su cuerpo. Debido a las esporas que volaban por el aire, sus ojos estaban rojos y lloraban continuamente. Estos sintomas tambien afectaban a todos los demás mienbros de la guarnición del pequeño baluarte que habian sobrevivido a la enfermedad y a los continuos combates.
Cornnibus se dispuso a subir a la muralla defensiva con un caminar parecido al de un borracho. De camino al muro observó a sus compañeros. Menos de 100 hombres y mujeres y 3 vehiculos de lo que había sido un Regimiento completo de la Guardia Imperial.
Algunos intentaban conciliar el sueño, otros jugaban a las cartas o a los dados para escapar de la monstruosa realidad; otros, incluso, escribian cartas a sus seres queridos, cartas que nadie leería nunca...
Al llegar a la escalera para subir la muralla, el comisario se paró en seco. Su rostro se volvió más pálido de lo que ya estaba. Al instante comenzó a vomitar estrepitosamente. Al abrir los ojos vió a sus pies una sustancia oscura, lechosa y que desprendia un increible hedor a putrefacción. Sus hombres le habían dicho que eran sus pulmones, él, después de lo que había visto, no lo ponía en duda.
Subió torpemente a la parte superior de la muralla y observó el horizonte.
No podía ser más desalentador...
Docenas de esqueletos de tanques, oxidados y destrozados, se esparcian por toda la frondosa planicie. Enormes chimeneas alienigenas se erigian en el horizonte, exudamdo esporas a la atmósfera.
Alguien posó una huesuda mano sobre el hombro de Cornnibus, despertándolo de su estado. Con una tos aspera, casi sólida, el comisario supo de quien se trataba. Se giró y saludó con un ligero asentimiento a uno de los novatos del regimiento, que se llamaba Jordan.
-Le veo bien, comisario- rió irónicamente el soldado, al ver el duro semblante de Cornnibus, paró de reir y habló con voz seria -Lo conseguiremos, señor. El Emperador nos proteje.
El comisario esbozó una sonrisa desdeñosa.
-¿El Emperador proteje?-rió-La que nos viene encima no puede detenerlo ni el mismisimo Emperador.
-Me extraña esa actitud en un fiel seguidor del Emperador como lo es un Comisario-dijo el novato con cierto tono de enfado en su voz
-A diferencia tuya, yo he luchado en el nombre del Emperador durante treinta y tantos años. Y me temo que esta vez no nos ayudara.Literalmente, estamos muertos, solo nos falta sepultura.
-Pero...-empezó a contradecir el soldado.
- El Emperador así lo quiere-interrumpió sarcastico Cornnibus mientras se alejaba del novato.
En ese instante un pitido de alarma puso sobre aviso a toda la fortaleza y el comisario, de inmediato, este se puso a observar al cielo, esperando un ataque aéreo. Al no divisar a ningún enemigo, miró en dirección a la planicie. La muralla ya estaba llena de sus hombres.
Por los altavoces del fortín resonó la voz nerviosa de un soldado que rozaba la histeria.
-¡¡Ya vienen!! ¡¡Que el Emperador se apiade de nosotros!! ¡¡YA VIENEN LOS TIRÁNIDOS!!
-Aqui llegan los sepultureros- susurró el comisario
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FIN, espero que os guste

, proximamente la 2ª parte.
Gracias